La política monetaria del segundo semestre: cuando el coste del dinero vuelve a mandar

Artículo 2

Por Javier Hombría, profesor del Máster en Bolsa y Mercados Financieros del IEB.

Empecé el año explicando a mis alumnos del IEB que el ciclo de política monetaria entraba en su fase más aburrida: bancos centrales recortando con parsimonia hacia el tipo neutral y mercados anticipando plácidamente el destino. Seis meses después, esa previsión ha saltado por los aires. La guerra en Oriente Próximo y el consiguiente shock energético han obligado a los dos grandes bancos centrales a hacer algo que parecía impensable a comienzos de 2026: dejar de recortar y, en el caso europeo, volver a subir.

El Banco Central Europeo elevó en junio su tipo de depósito hasta el 2,25%, su primera subida en casi tres años, con una inflación que en mayo repuntó al 3,2% y unas proyecciones que ya sitúan el IPC medio de 2026 en el 3%. La Reserva Federal, ahora presidida por Kevin Warsh, ha mantenido los tipos en el 3,5%-3,75%, pero su cuadro de previsiones, el célebre dot plot, ha borrado el recorte que anticipaba y apunta a una posible subida antes de fin de año. Dos instituciones, dos niveles de tipos muy distintos y, sin embargo, el mismo giro: del sesgo acomodaticio al restrictivo.

El dilema de siempre, con un disfraz nuevo

Lo que estamos viendo es la manifestación clásica del peor escenario para un banco central: un shock de oferta que empuja al mismo tiempo la inflación al alza y el crecimiento a la baja. El BCE ha recortado su previsión de crecimiento de la eurozona para 2026 hasta un raquítico 0,8%, mientras revisaba al alza la inflación. Subir tipos para anclar los precios agrava la desaceleración; no subirlos arriesga a que el repunte energético contamine salarios y expectativas (los temidos efectos de segunda ronda). No hay respuesta cómoda: solo la elección del error que uno prefiere cometer.

La gran incógnita del segundo semestre es precisamente esa: si la subida de precios es un fenómeno puntual, ligado al petróleo, o si ha empezado a incrustarse en la economía. Y aquí la película ha vuelto a girar en las últimas semanas. El principio de acuerdo entre Estados Unidos e Irán y la reapertura del Estrecho de Ormuz han hecho caer el crudo y aliviado, de golpe, buena parte de la presión inflacionista. Voces del propio BCE llegaron a advertir de una inflación camino del 4%; hoy ese escenario parece menos probable. Pero la experiencia enseña que los bancos centrales, escarmentados por 2021-2022, tardarán en fiarse. Warsh ha hecho de la ambigüedad su estrategia: no ofrece orientación futura y deja que sean los datos, y el mercado, quienes marquen el camino.

Por qué esto importa para valorar una empresa

Aquí es donde, como profesor de valoración, pido a mis alumnos que dejen de mirar el titular y miren la tasa de descuento. Porque la política monetaria no es un debate abstracto sobre reuniones y comunicados: es el precio del dinero, y el precio del dinero es el corazón de cualquier valoración…

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Tribuna completa publicada en Funds Society.