Europa entra en la era del crecimiento frágil

Artículo 1

Por Aurelio García del Barrio, Director del Global MBA con especialización en Finanzas del IEB.

Europa afronta el segundo semestre de 2026 inmersa en un entorno económico especialmente complejo. Tras varios años marcados por la recuperación post pandemia, la crisis energética y el endurecimiento de la política monetaria, la economía europea entra en una nueva fase caracterizada por un crecimiento débil, una inflación que resiste por encima del objetivo del Banco Central Europeo y un escenario geopolítico que continúa generando incertidumbre.

Con una mirada en el semestre que ha terminado, la guerra en Oriente Próximo ha vuelto a demostrar hasta qué punto la economía europea sigue siendo vulnerable a los acontecimientos internacionales. Durante las semanas de mayor tensión, el cierre del estrecho de Ormuz disparó los precios del petróleo y del gas, trasladando nuevas presiones inflacionistas a una economía que todavía no había consolidado plenamente la estabilidad de precios. Aunque la normalización del tráfico marítimo ha permitido que el barril de Brent vuelva a situarse por debajo de los 75 dólares, el episodio confirma que la energía seguirá siendo uno de los principales factores de riesgo para Europa.

Esta situación se produce, además, en un contexto de creciente fragmentación geopolítica. El avance hacia un mundo más multipolar, las tensiones comerciales y el retorno de políticas proteccionistas obligan a la Unión Europea a acelerar su estrategia de autonomía económica. La inversión en defensa, infraestructuras críticas, digitalización y transición energética deja de ser únicamente una prioridad política para convertirse en un requisito económico.

Sin embargo, reforzar esa autonomía exige recursos en un momento en que las cuentas públicas continúan sometidas a una fuerte presión. Desde el punto de vista macroeconómico, las perspectivas apuntan a un crecimiento moderado. La economía de la zona euro podría avanzar alrededor del 0,8% en 2026, un ritmo insuficiente para recuperar plenamente el dinamismo perdido en los últimos años.

La confianza de los consumidores continúa siendo reducida y el aumento de los costes energéticos limita la capacidad de gasto de los hogares, especialmente en aquellos países con mayor dependencia de las importaciones de energía.

El consumo privado, que fue uno de los principales motores del crecimiento durante 2025, previsiblemente perderá fuerza a medida que la inflación continúe erosionando la renta disponible. Al mismo tiempo, muchas empresas siguen afrontando mayores costes de producción y financiación, circunstancia que condiciona tanto la inversión como la competitividad industrial europea…

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Tribuna completa publicada en Estrategias de Inversión.