¿Es el PIB el indicador apropiado para conocer el crecimiento de un país?

En plena revolución tecnológica y con la aparición de empresas colaborativas ¿Hasta qué punto es fiable el PIB como termómetro económico de un país? Luis Fernando Utrera, profesor del Máster en Bolsa y Mercados Financieros, reflexiona sobre esta cuestión en el programa Capital, en Radio Intereconomía.

Utilizar el PIB como termómetro de la economía de un país es muy habitual, pero ¿Qué refleja exactamente y por qué lo utilizamos para medir el crecimiento de una región?

El PIB son las siglas de Producto Interior Bruto. Decimos que es producto, porque en realidad es la cifra que nos da el valor monetario de bienes y servicios finales producidos por un país, durante un periodo de tiempo determinado -Normalmente es trimestral o anual-. Cuando digo finales, hablo de los productos que el consumidor final compra. Esto es importante, porque el cálculo del PIB trata de evitar la doble contabilización de lo que llamamos productos intermedios.

Si me permites un ejemplo, el típico del coche, cuando fabricamos un coche, necesitamos cristales, pintura, baterías, neumáticos, tela para los asientos… son componentes que necesito utilizar y que, evidentemente, van a estar incluidos en el precio final de ese producto. Por otra parte, las empresas que han facilitado los materiales, digamos las empresas auxiliares, también lo han producido. De forma que el PIB va a tratar de evitar la doble contabilización de lo que llamamos productos intermedios.

Por otra parte, decimos que el PIB es interior, porque incluye todo lo producido por las empresas, sean del país que sean, que están situadas en territorio nacional. Si una empresa española produce en Estados Unidos o en Latinoamérica, estaría dentro de lo que llamamos el Producto Nacional Bruto, pero no del Producto Interior Bruto.

Y finalmente, decimos que es Bruto, porque no tiene en cuenta la pérdida de valor de los productos a lo largo de ese año. En este punto es interesante ver la diferencia entre lo que llamamos el PIB nominal y el PIB real.

El PIB nominal calcula el valor a precio de mercado de todos los productos que hemos producido, mientras que el real lo calcula con lo que llamamos precios constantes, mirando los precios de un año anterior concreto. Es decir, el PIB nominal no tiene en cuenta el efecto de la inflación, y el  PIB real sí que lo tiene.

Te pongo un ejemplo: imaginemos que un país produce en 2018 un millón de euros, ese sería el precio de los productos que ha producido. Y en 2019 el valor es 1.100.000, debido a que la inflación ese año fue del 10%. En términos de PIB nominal habría subido un 10%, pero en términos reales habría subido un 0%, porque si descontamos el efecto de la inflación, los 1.100.000 millones de este año, equivaldrían al millón de euros producido en 2018. Por eso le llamamos precios constantes.

Nosotros a lo que siempre damos importancia es al PIB real, no al nominal. La diferencia entre el PIB real y el nominal es lo que llamamos el deflactor del PIB. Es algo bastante parecido al IPC, pero en lugar de analizar el precio o el comportamiento del precio de una cesta de productos, lo que analiza es el valor o la inflación del conjunto de la economía. Es un medidor muchísimo más amplio que el IPC.

En otras palabras, el crecimiento del PIB debería estar afectado por el incremento de la producción y no por el simple incremento de los precios. Normalmente, los datos del PIB se miden y se publican trimestralmente, algún mes después de que haya vencido el trimestre venido, y por eso decimos que es un indicador atrasado, porque nos habla de cómo estaba la economía hace unos meses.

Esas mismas tasas que se van a publicar se nos pueden ofrecer de diferentes formas. Esto es una pequeña complicación. Se nos puede ofrecer como tasa anual: en 2018 hemos crecido tanto comparado con 2017. Se nos puede ofrecer como una tasa trimestral o intertrimestral, en cuyo caso lo que nos mostraría es cuánto ha variado este trimestre respecto al trimestre anterior. Se puede ofrecer como tasa trimestral interanual, que compara este trimestre del año 2018, con este trimestre, pero de 2017. Y, finalmente, como tasa trimestral anualizada, que es lo que llamamos wishful thinking, y es si este crecimiento trimestral se produjese durante cuatro trimestre, creceríamos un x%.

¿Es acertado o no utilizarlo como el termómetro de la economía de un país?

Como en muchos casos, es lo que más se acerca a lo correcto. Realmente, el PIB es el medidor del comportamiento de la economía más completo del que disponemos. Aunque por otra parte tiene carencias difíciles de evitar. Por ejemplo: no tiene en cuenta la economía sumergida, no tiene en cuenta el valor de las labores domésticas – limpiar, cocinar, atender a familiares enfermos- en países en vías de desarrollo es mucho más relevante porque es muy frecuente que los pequeños cultivos familiares para que la familia se alimente y los excedentes entran en un circuito de economía de trueque. Esto, evidentemente, el PIB no lo va a medir. Y por último, tampoco tiene en cuenta el efecto del voluntariado.

Además, puede llevarnos a alguna confusión, por ejemplo, como reflejo de la generación de riqueza nacional. No olvidemos que también deducimos la renta per cápita, pero no individual. No nos muestra la calidad de vida, ni el bienestar de los ciudadanos de un país. El PIB tiene un enfoque claramente cuantitativo. Nos indica la cantidad, pero no la calidad del crecimiento en términos de bienestar. El PIB no refleja el poder adquisitivo de los individuos, aunque el PIB per cápita seguiremos utilizándolo como un proxy de la riqueza de los individuos.

¿Qué importancia tiene entonces el PIB para el mercado?

Hemos mencionado antes que el problema del PIB es que nos muestra las cifras unos meses después del trimestre que se ha analizado. Esto quiere decir que aunque el PIB sea el padre de todos los indicadores, al ser un indicador atrasado es un handicap para su uso en las decisiones de inversión.

Precisamente por esto, desde hace décadas se han desarrollado indicadores que tratan de adelantar el comportamiento del PIB, como el ISM en Estados Unidos o toda la familia del PMI en Estados Unidos y del PMI Markit en el resto del mundo desarrollado. Estos indicadores han demostrado una altítmisa correlación con el comportamiento futuro del PIB y su principal ventaja es que se publican mensualmente y no a trimestre vencido.

También hay que tener en cuenta que en los países desarrollados, en torno al 70% del PIB es consumo y, por lo tanto, todos los indicadores que tienen que ver con el consumo, desde ventas al por menor, hasta confianza de los consumidores o incluso empleo, porque el impacto que los salarios tienen sobre el consumo son muy seguidos por los inversores, porque también anticipan en buena medida el comportamiento del PIB.

Todo esto explica que a veces cuando se publican las cifras del PIB -sean buenas o malas- el mercado se queda tranquilo, porque el mercado ya ha descontado, ya ha anticipado ese dato.

 

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