Treinta años del «Black Monday», ¿es posible tropezar en la misma piedra?

Black Monday

Y los cimientos del templo financiero temblaron bajo un inesperada sacudida. Parecía otro día más en la oficina, pero el 19 de octubre de 1987 acabaría pasando a la historia como una de las jornadas más oscuras y angustiosas de Wall Street. Entre el 14 y el 16 de octubre, el Dow Jones ya había cedido más de un 10% y sembrado la inquietud entre los analistas, pero nada hacía presagiar un pánico histórico: en una sola jornada el selectivo perdía un 22,6%, caída solo superada por el 24,4% que registró tras su reapertura cuatro meses después del estallido de la Primera Guerra Mundial.

Como explica Javier Amo, profesor del Máster en Bolsa y Mercados Financieros del IEB, no existió una razón definitiva para explicar el desplome, pero sí «se dio una conjunción de factores, ninguno de ellos determinantes per se, pero que cuando se concatenaron trajeron el pánico súbito». Por un lado, «una hipotética subida de intereses en el Tesoro americano, que estando alrededor del 8% era lo suficientemente relevante como para que hiciera a muchos moverse a la rentabilidad del bono desde el riesgo de las acciones. Un segundo factor fue el geopolítico, en relación con la confrontación con Irán, que hacía prever un final armado con un calado que nadie sabía calcular en ese momento, porque de nuevo golpearía al centro de la producción petrolífera», explica.

 

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