Procès: inestabilidad, inseguridad e incertidumbre

miguel a bernal

Por Miguel Ángel Bernal, profesor y coordinador del Departamento de Investigación del IEB

Inestabilidad, inseguridad e incertidumbre, tres palabras que en un informe económico producen escalofríos a los receptores y destinatarios. Si estos son inversores, los desalienta de sus intenciones, tampoco es menor la preocupación para los empresarios que se encuentran situadas en ellas.

 Los primeros suspenden sus planes de inversión o buscan otro lugar a que dirigirlas. A los empresarios les preocupa y en consecuencia estudian posibilidades de traslados o llevar líneas de producción a otros puntos geográficos donde hallen estabilidad y seguridad. Ya saben, proteger negocio, clientes, accionistas y trabajadores. De todos es conocido el famoso dicho de que no hay nada más miedoso que un millón de euros.

La situación política catalana ha entrado en tal vértigo que ha llevado a escribir en los informes económicos y previsiones cualquiera de las tres palabras tabú comentadas anteriormente. Si algo está dejando claro el procès es precisamente la vigencia de la urticaria de inversores y empresarios a esas tres palabras malditas. La incertidumbre generada por el equipo de Puigdemont se está traduciendo, económicamente, en una salida de sedes sociales especialmente significativa y mayoritaria entre el empresariado catalán, sin precedentes. Cabe recordar que en los peores años del País Vasco, no se vio este movimiento de salida.

No son solo las grandes empresas cotizadas en el Ibex, tan sólo Grifols sigue siendo catalana, sino que abarca a medianas y pequeñas explotaciones. Hay salidas muy relevantes de sectores productivos que pueden dejar tocada a Cataluña en el aspecto económico. Número rápidos nos indican que la caída del PIB por la deslocalización de sus empresas podría costarles alrededor de más de 6.000 millones de euros. De momento en estos números solo se vería el impacto del cambio de sedes sociales; no se habrían contabilizado otros dañinos efectos.

El sector de hostelería sufre ya en sus carnes las consecuencias de la esquizofrenia paranoide de los secesionistas: caída de las reservas hoteleras, menor facturación, menos turismo, cruceros desviados a la ciudad de Valencia… El potente sector hotelero, especialmente el que tiene intereses en la ciudad de Barcelona, lleva tiempo alarmado con la turismofobia, una enfermedad incubada por la CUP y que ha inoculado a algunos. A la previsible caída del PIB por el traslado de sedes sociales hay que añadir la caída por la actividad del sector turístico. No es por tanto descabellado que desde alguna organización, Standard and Poor’s concretamente, se comience a hablar de una recesión en Cataluña. Recesión que como bien se sabe y hay que remarcarlo trae desempleo.

Cataluña ostenta, monopoliza prácticamente se podría decir, el poder de las editoriales. La salida de Planeta, es casi seguro que va a ser secundada por otras editoriales. Es el conocido como efecto llamada, el movimiento de un actor principal lleva a movimientos de otros. Este cambio puede llevar a que el epicentro editorial coja el puente aéreo y produzca un fuerte cambio geográfico. Como muy bien comentan desde Planeta, ¿se imaginan que las principales editoriales españolas estén radicadas en un país cuyo idioma oficial no es el español, incluso en conflicto con España?

La salida de las entidades financieras, con CaixaBank y Banco Sabadell a la cabeza, mandan un mensaje nítido y cristalino. La nueva Cataluña no estaría en Europa, los bancos son los más sensibles. Sin el BCE, sin la posibilidad de financiación por él, fuera del arco protector de los Fondos de Garantía de Depósitos, los bancos son conscientes de que la salida de depósitos sería una catástrofe para ellos. La respuesta ha sido consecuente y en consonancia con la gravedad de la incertidumbre generada: salida inmediata hacia un área donde no haya esa inseguridad.

Esa incertidumbre lleva a casos muy llamativos pero que como escaparate del independentismo son nefastos. En la zona del cava, producto emblemático catalán, esa actividad agraria que da muchos puestos de trabajo genera riqueza y por tanto país, las dos principales empresas han movido ficha. Freixenet ha cambiado su domicilio social y Codorníu ha anunciado estar estudiándolo. Rocambolesco sería que las principales empresas productoras y comercializadoras de cava no fueran catalanas.

En estos momentos no se sabe si hay declaración o no de república catalana. No se sabe si se aplicará el artículo 155 o no. No se sabe si los mossos estarán con el gobierno secesionista o el constitucional, con las consecuencias que ello comporta. No se sabe si la CUP y otras organizaciones promoverán manifestaciones que paren la economía catalana durante una semana, como dijo Junqueras. No se sabe si habrá detenciones de políticos o alguna persona de asociaciones cívicas. No se sabe si el boicot comercial irá a más o se retraerá. No se sabe si ahora habrá que pagar a la Agencia Tributaria o a la hacienda catalana. No se sabe si habrá estallidos de violencia. No se sabe el papel de la CUP en una hipotética República de Cataluña. No se sabe nada de la Seguridad Social, ni de la CNMV, ni del banco central ni la DGS catalana. No se sabe nada del personal encargado de redactar los convenios comerciales de la hipotética nueva república. Por no saber, no sabemos si dentro de cinco años tendremos una nueva República como ocurrió con Eslovenia. ¿Es bastante incertidumbre e inseguridad?

Tribuna publicada en El Economista

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