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La política monetaria del BCE y el impacto en el ahorro

cambio climático

Por Aurelio García del Barrio, director del MBA con especialización en Finanzas.

Durante los últimos años, el BCE ha mantenido una política monetaria especialmente laxa con tipos de interés al 0% e intervención del mercado de deuda mediante las compras mensuales de bonos. Una política monetaria desarrollada con un objetivo: lograr una tasa de inflación cercana al 2% en el medio plazo.

Esta situación ha impactado directamente en la rentabilidad de los productos financieros tradicionales para ahorrar. Y, hoy por hoy, España es el segundo país, por detrás de Irlanda, cuyas entidades de crédito menor remuneración establecen a los depósitos. En el contexto de bajada de tipos del BCE, las entidades buscaron mantener márgenes trasladando la bajada a los depositantes.

En noviembre de 2008, el presidente del Banco Central Europeo (BCE), Jean-Claude Trichet, anunció una esperada bajada de tipos para combatir la recesión originada por la crisis financiera. Mucho ha llovido desde aquella decisión histórica que marcó el inicio de una política monetaria laxa. A partir de 2011, ese camino fue reforzado por Mario Draghi, el gobernador que llevó los tipos a mínimos históricos e incluso a tasas negativas.

Los bancos son los que padecen en su cuenta de resultados las consecuencias de prestar dinero a tipos próximos al cero y tener que pagar al regulador a cambio de que custodie su liquidez, esto es, sus depósitos procedentes, entre otros, de los depósitos de sus clientes

Casi 11 años más tarde de aquella rebaja, crecen las voces que piden al BCE una normalización monetaria que está fuera de la agenda por la debilidad económica de la zona euro y en especial, de su locomotora alemana.

Esa demanda la encabezan los bancos. No en vano, son los que padecen en su cuenta de resultados las consecuencias de prestar dinero a tipos próximos al cero y tener que pagar al regulador a cambio de que custodie su liquidez, esto es, sus depósitos procedentes, entre otros, de los depósitos de sus clientes.

Una anomalía que ha desatado una preocupación creciente ante la posibilidad de que las entidades acaben trasladando al cliente particular ese coste que ya pagan muchas empresas. Una impopular decisión que abriría la puerta a que las autoridades monetarias acabaran imponiendo el dinero electrónico para evitar fugas de depósitos.

Si no hay sorpresas, Christine Lagarde dará continuidad a una política monetaria que penaliza al ciudadano que ha sido disciplinado con el ahorro, favorece el endeudamiento y encarece un bien básico, como es la vivienda. A 31 de marzo de este año, los españoles tenían invertidos en depósitos transferibles -cuentas corrientes, cuentas de ahorro y depósitos a la vista- 915.000 millones de euros, lo que supone un 242% más desde que se originó la crisis en 2008 y evidencia, una vez más, el carácter conservador del ahorrador español.

La incertidumbre que sobrevuela a una economía en plena fase de desaceleración se está trasladando al ciudadano de a pie, que mira con recelo al futuro, mientras intenta poner a salvo sus finanzas por si la situación empeora.

Hay tres pistas fundamentales de que la desconfianza de la población en la economía del país es cada vez mayor: suben los salarios, pero baja el consumo y aumenta el ahorro. Y es que el lugar hacia donde destinan su dinero los hogares es un fiel reflejo de sus expectativas sobre lo que está por venir.

Junto con la inversión, el consumo es una de las principales partidas de la demanda nacional, que ha sido el principal motor de crecimiento del PIB desde hace unos años, pero ahora, ha dejado del tirar de nuestra economía. El motivo es el frenazo que ha sufrido el consumo final de los hogares españoles.

Ahora la demanda interna aporta mucho menos al crecimiento del PIB, y es gracias a la demanda externa, que la economía española logra salvar los muebles. Eso sí, debido a la guerra comercial, al Brexit y a la cantidad de incertidumbres que amenazan a los países del extranjero, puede que ahora no sea el mejor momento para que las ventas al exterior sea lo que impulse a nuestro país, ya que es probable que no aguanten mucho tiempo.

La tasa de ahorro de los hogares fue del 19,3% de su renta disponible en el segundo trimestre, frente al 16,3% del mismo trimestre del año anterior, lo que supone su valor más alto en diez años

Y si los hogares gastan menos a pesar de ganar más, ¿qué hacen con su dinero? La respuesta es sencilla: prefieren ahorrarlo. La tasa de ahorro de los hogares fue del 19,3% de su renta disponible en el segundo trimestre, frente al 16,3% del mismo trimestre del año anterior, lo que supone su valor más alto en diez años.

Llevar los tipos a mínimos y estimular la economía fue una decisión acertada para comprar tiempo a los políticos para acometer reformas, sin embargo, la falta de voluntad política en países como España, Italia o Francia ha hecho que pase el tiempo y Europa acabe japonizándose.

No se han hecho las reformas estructurales necesarias, pero el precio del dinero permanece próximo al cero, la eurozona está sumida en un estancamiento económico del que nadie sabe cómo salir y el nivel de inflación desconcierta hasta el propio BCE.

El incentivo a la deuda está teniendo otra derivada importante en España, al favorecer un crecimiento sostenido, pero poco sano. España es todavía ajena a la debilidad de Alemania porque la demanda interna está impulsando el crecimiento. Consumimos más gracias a la deuda y esto está impactando en la tasa de ahorro.

Sacar partido al ahorro disponible resulta complicado para las familias españolas que, si quieren batir la inflación, se ven abocadas a asumir un riesgo que no se corresponde con su perfil. Mientras que la situación de bajos tipos es buena para los endeudados, es negativa para los pequeños ahorradores.

Ante esta situación, los ahorradores, cada vez apuestan más por mercados con más potencial y más riesgo, como los emergentes y los frontera, y también por la inversión alternativa. Este tipo de inversión incluye, por un lado, activos no tradicionales, como infraestructuras, sector inmobiliario y capital riesgo, así como oro, arte o vino, por ejemplo. Por otro lado, implica estrategias con activos clásicos, que se materializan a través de fondos de inversión y ETF, con las que los gestores tratan de proporcionar diversificación y protección frente a la pérdida de valor.

El ahorrador deba aprender a manejar su patrimonio para un futuro en el que la japonización de Europa, vía deuda y envejecimiento de la población, puede poner en juego hasta su pensión.

 

Tribuna publicada en Futuro a Fondo

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