La mora del sistema: Ayuntamientos

Lorenzo Dávila es Jefe del Departamento de Investigación de IEBBlog: http://www.expansion.com/blogs/paseo-aleatorio/La última medida impulsada por el Gobierno para hacer frente a la morosidad de las Administraciones Públicas (de momento Ayuntamientos) -donde los plazos dilatados hasta el infinito no sólo han sido fuente de tensiones financieras de muchas empresas sino que incluso les ha llevado a unas cuantas hasta la quiebra, pese a existir una directiva europea traspuesta a la normativa española, que obliga al pago en 60 días a partir del de enero de 2013 y en 75 días durante este año, y que hasta la fecha no se ha cumplido- era esperada como el agua de mayo.Pero este problema de financiación de proveedores no es algo exclusivo de la Administración. El crédito comercial es la más importante fuente de financiación empresarial tanto por sus importantes efectos sobre los intercambios comerciales en el conjunto de la economía: según los datos más recientes del Banco de España, el saldo del crédito comercial en la década 2000-2010 alcanzó el 55% del PIB,  más del doble del saldo de la financiación bancaria a corto plazo, porcentaje mayor en el caso de las PYMEs de reducida dimensión, debido a su menor capacidad de acceso al canal bancario.Para dimensionar el impacto que la actual crisis está teniendo sobre el crédito comercial, hay que tener en cuenta que este impacto se materializa en dos efectos especialmente negativos: por un lado, la propia escasez del crédito comercial agravada por un contexto de ausencia del crédito comercial bancario; y por otro, el incremento significativo de los niveles de morosidad de las empresas españolas que derivan en muchos casos en quiebras o concursos de acreedores. De hecho, utilizando como indicador de esa morosidad, la morosidad de los efectos bancarios descontados, la morosidad de las operaciones de crédito comercial se ha multiplicado por cuatro desde el inicio de la crisis(a la que tendríamos que la morosidad de las administraciones públicas), acentuando los efectos procíclicos y sistémicos del crédito comercial, esto es, mayor morosidad, menor financiación bancaria a corto plazo, lo que lleva a mayor necesidad de crédito comercial que, finalmente, ante su ausencia por mayor percepción del riesgo(ha caído en tasa superiores al 20% desde el inicio de la crisis), lleva a una situación límite a las empresas.Dicho esto, por la importancia de hacer frente también al crédito comercial, lo más interesante de la medida acordada por el Gobierno -si bien no tengo claro si no es demasiado tarde por la carga financiera- es el mecanismo de quita voluntaria del montante de deuda mediante el incentivo de la prioridad del cobro (sin quita no es más que un cambio de manos).Un problema de sobreendeudamiento sólo tiene tres salidas: o se crece económicamente (en estos momentos el consenso está más cerca del decrecimiento de un -2% que de un -1% para 2012) para poder pagar las deudas, o se crea inflación (que ni está ni se la espera) para reducir las deudas reales, o se hace una reducción en términos nominales de la deuda (quita),y en esa estamos y estaremos.Pese a lo positivo de la decisión no debemos olvidar el impacto en términos de incremento del déficit público que esta medida puede provocar. Es la primera vez en la historia económica (y he preguntado a algunos viejos del lugar) que se aplica una contracción de la política fiscal de más del 4% del PIB para pasar al 4,4%de déficit público en 2012 (más lo que suponga la medida acordada para la morosidad municipal) en un contexto de decrecimiento previo del PIB en el entorno del -2%, y eso sin tener en cuenta que reducir 4%del PIB en gasto público puede ser reducir más de un 15% las partidas del gasto de los próximos presupuestos generales del Estado, que si tenemos en cuenta los efectos de los multiplicadores del gasto, el impacto en términos de decrecimiento del PIB puede ser demoledor.Es como quitar la rabia matando al perro, el problema es que si lo matarnos con una bomba nuclear, es fácil que nos carguemos algo más. Aunque todavía alguno habrá que lo llamará efecto colateral. Mientras tanto, que alguien siga pensando en cómo articular las quitas.

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