La ley del más fuerte

Donald Trump está cumpliendo su objetivo de renegociar bilateralmente el NAFTA con Canadá y México ¿Se está imponiendo la ley del más fuerte en la política comercial internacional? Para analizar este asunto el programa Cinco Continentes, de Radio Nacional, entrevista a Ramón Casilda, analista, consultor estratégico iberoamericano y profesor del IEB.

¿Se está imponiendo la ley del más fuerte en política comercial internacional?

Pienso que sí, porque es la ley que ha elegido Trump.

¿Qué ventajas puede tener este tratado de libre comercio para México?

Por el momento -es una opinión personal- no es definitivo lo que se ha acordado. Además, en las declaraciones se cuidan y ponen tratado o acuerdo provisional, porque falta el tercer socio, que es Canadá.

Pero Canadá ha dicho que también es optimista en esta renegociación, porque ve elementos positivos para sus propios trabajadores. Al final parece que va a surgir lo que parecía impensable hace unos meses.

Sí, creo que ha sido una forma muy inteligente de romper ese nudo gordiano que existía prácticamente hasta las elecciones en México. La firma del tratado se estaba aplazando y todo parecía indicar que se iba a alargar hasta que el nuevo presidente, López Obrador, tomara posesión del cargo.

Trump lo que quería era negociar bilateralmente y sus socios se negaban porque querían realizar una negociación a tres bandas. Estados Unidos ha negociado primero con México -no sé si Canadá estaba al tanto de la situación, creo que sí-. Y una vez cerrado este acuerdo, rápidamente Canadá mostró su apoyo al acuerdo y envió a su negociadora a Washington, y hoy está todo destrabado.

No sabemos todavía si el acuerdo incluye alguna letra pequeña. Pero ante la incapacidad de alcanzar un acuerdo trilateral, han negociado bilateralmente para ponerse de acuerdo. Al final Trump se ha salido con la suya y ha alcanzado un acuerdo con fecha fija -16 años-, imponiendo la ley del más fuerte.

Desde que Donald Trump es presidente las exportaciones estadounidenses han ido en aumento hasta un 4,4%, mientras que se han frenado las importaciones ¿Esto tiene que ver con las nuevas políticas de la Casa Blanca o con el valor del dólar que se ha fortalecido también en estos dos últimos años?

Las dos van unidas. Trump tiene una política de América Primero y, por lo tanto, combatir el déficit comercial es su gran batalla y también su gran promesa electoral. No olvidemos que en noviembre se celebrarán elecciones y se juega demasiado. Por otra parte, el dólar se ha ido revalorizando y eso le está creando serios problemas a países emergentes como Turquía, Brasil, Argentina, Rusia, India, etc.

Europa por el momento no se ha visto demasiado golpeada por la apreciación del dólar. El país que más afectado se vería en sus exportaciones es Alemania. Pero tenemos una serie de datos que se van recomponiendo y en base a la política que Trump desde un primer momento ha trazado, parece que se está imponiendo al orden internacional comercial.

Ya que mencionamos precisamente a Europa y Alemania, aún queda por ver qué va a hacer Washington con la importación de coches, que es algo que tiene que venir en los próximos meses. ¿Cuáles pueden ser las consecuencias de una imposición de aranceles a la industria automovilística?

Eso son palabras mayores. Primero para Alemania y no olvidemos que también para España. Nuestras empresas de componentes son muy importantes en México y estos aranceles podrían afectarnos seriamente. Es un rubro pequeño, pero ya hemos visto que los aranceles que se impusieron a la aceituna negra española tuvieron consecuencias.

Hablaba antes de las consecuencias políticas de Trump, del impulso que ha tenido la economía estadounidense en los últimos años. Es un efecto positivo, pero qué efecto podrían tener todas estas políticas a medio y largo plazo?

Recurrir a la bolsa de cristal es bastante complicado. Las previsiones no son muy certeras ni a medio, ni a largo plazo. Vivimos en un corto plazo rabioso. Lo que a mí me interesa es ver el efecto que la debilidad de las divisas latinoamericanas, y las políticas de Trump puedan tener para las empresas españolas ubicadas en el continente.

Las empresas españolas tienen inversiones muy importantes en países como México y no están demasiado protegidas contra el impacto que puedan tener las políticas de Trump.

En la política de Trump se pretende potenciar la industria estadounidense, proteger a los trabajadores. ¿Se puede llegar a un término medio en el que se recupere la calidad del empleo sin renunciar a un mercado abierto?

Esa es la gran cuestión. Hemos visto que con la crisis los países han ganado competitividad gracias a la devaluación salarial. Y además, muchos empleos se están viendo afectados por la llamada cuarta revolución industrial, la economía digital. Ahí está el nudo gordiano: cómo recuperar la calidad del empleo -tanto en salarios como en seguridad-, ya que en el modelo económico actual aún sigue instaurado la competitividad pura y dura, basada en los salarios.

Un frenazo en la globalización afectaría a la deslocalización de las empresas, que al trasladar sus fábricas a países con manos de obra más baratas se vuelven más competitivas. Y esa es una de las partes del tratado del que estamos hablando. Es decir, las empresas automovilísticas norteamericanas son más competitivas precisamente porque su producción se trasladó a México, donde la mano de obra es extremadamente más barata que en EEUU. Y eso a pesar de que uno de los acuerdos alcanzados es que esos salarios aumenten. Ese es el desafío: encontrar el modo de competir a nivel global, lo más barato posible, para tener una productividad mayor y unas ganancias mayores, sin que el empleo pierda calidad.

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