Evolución de la política monetaria del BCE ¿dónde estamos?

Por Luis Fernando Utrera, profesor del Máster en Bolsa y Mercados financieros del IEB.

En materia de política monetaria, tradicionalmente la Reserva Federal americana ha sido mucho más proactivos que nosotros. Vieron la crisis y rápidamente se pusieron manos a la obra: caída de tipos superior, más rápida que la del BCE y decidida aplicación de políticas de Quantitative Easing (QE, compra de bonos para inyectar liquidez al sistema), para aliviar los balances de los bancos y ayudar la financiación de las empresas.

El BCE tardó 3 años y medio en bajar los tipos del 1% al 0% (en enero del 2012 estaban al 1% y no llegaron al 0% hasta mayo del 2015). Lanzó su programa de QE, después de mil debates internos, cuando la Reserva Federal americana ya había finalizado el suyo (que tuvo 3 fases).

Así que fuimos por detrás de la Reserva Federal y aunque más reactivos que proactivos, debemos reconocer el mérito del gran cambio de mentalidad del BCE, en los últimos años: ha sido capaz de bajar los tipos al 0%, e incluso tener el dudoso honor de permitir que el mercado se maneje en tipos negativos (como la utilización de la Facilidad de Depósito: -0,40% y parte de la operativa con deuda), además de superar las tensiones internas para lanzar el programa de compra de bonos de deuda pública y privada (QE), similar al realizado por la Fed.

¿Qué impacto ha tenido esta política monetaria en la economía europea? Yo diría que hay dos efectos. Uno positivo y otro negativo. El positivo es que la política de tipos extremadamente bajos, junto con la puesta en marcha del llamado QE (compra de bonos por el BCE), ha impedido que algún país quebrase por imposibilidad de financiar su deuda a los tipos exigidos por los inversores, bajando a la vez, muy significativamente, la prima de riesgo de alguno (España entre ellos); permitió la reactivación de la economía; también que se aliviase el peso de los hipotecados en sus pagos mensuales, al bajar el euribor y, finalmente, que las compañías pudiesen financiarse a largo plazo a unos tipos de interés impensables en 2011, lo que les ha permitido olvidarse de los problemas de liquidez, reestructurar sus balances, bajar costes, crecer y generar empleo.

El efecto negativo es, digamos, menos evidente aunque preocupante. Por un lado, hemos bajado los tipos a un nivel que el negocio bancario se ha resentido enormemente. Pensemos que el BCE aplica tipos negativos a algunos saldos de los bancos, lo que estos no pueden trasladar a sus clientes. ¿Qué pensaríamos si por tener dinero en la cuenta, el banco en lugar de pagarnos intereses, nos cobrase? Sería la bomba, pero es lo que hay. Esto indica que las dos “patas” del balance de un banco no son igual de elásticas: las bajadas se aplican a los préstamos rápidamente pero no a los pasivos, por lo que el margen financiero, sufre.

La solución auspiciada por el BCE ha sido la de fomentar las fusiones entre bancos para ahorrar costes e incrementar cifra de negocio y la de los bancos, hacerlo y/o cambiar la relación con el cliente hacia ámbitos más tecnológicos, sea con desarrollos internos o absorbiendo know how de compañías FinTech, lo que a medio plazo penaliza el empleo del sector.

No olvidemos que nuestra economía se estructura alrededor de los bancos, que son los que redistribuyen, entre familias y empresas, la liquidez que dan los bancos centrales, asegurando así que la economía esté “engrasada”. Por eso son necesarios bancos sanos y solventes. El ajuste realizado estos años por la industria está bien y era inevitable, pero no hay que olvidar que un razonable número de bancos asegura la competencia y, por tanto, mejores servicios y menores costes para los clientes.

Por otro lado, la política de QE, al bajar las rentabilidades de los bonos, ha pervertido el equilibrio lógico de riesgo/rentabilidad, haciendo que los inversores, en busca de rentabilidad, se vean obligados a entrar en riesgos que en situaciones normales, jamás aceptarían. Esto puede ser temerario.

Siguiendo con Bolsa, la inyección de liquidez que ha supuesto este tipo de política, no solo en Europa sino en casi todo el globo, ha generado una enorme y artificial inversión en renta variable, lo que ha empujado a algunos índices bursátiles, a máximos históricos (algo no necesariamente justificado por la situación económica real). De manera que, dado que los bonos no ofrecen rentabilidad, la inversión se ha volcado en Bolsa, con el peligro de crear burbujas.

Y, finalmente, está el problema de cómo retirará el BCE la liquidez, sin generar un pinchazo brutal en Bolsa y bonos que arrastre a toda la economía. Recordemos que no tenemos experiencia previa en este tipo de situaciones.

Tribuna publicada en Funds & Markets

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