El dinero como experiencia de usuario: el auge de las stablecoins

Daniel Díez García, Profesor del Programa Especializado en Blockchain y Head of Emerging Business de Paradigma Digital.

Suele decirse que el valor intrínseco del oro, más allá de sus buenas propiedades como dinero, podría deberse en realidad a algo sobre lo que hace ya tiempo nos hemos abstraído y es su utilidad como el sistema más eficiente de representación contable de los últimos 5.000 años, habiendo permitido, entre otras cosas, la creación de sistemas crediticios y la invención del papel-moneda.

Ya en 1892 Carl Menger en “On The Origins of Money” establecía que cualquier bien, dadas las circunstancias, puede ser considerado dinero (incluso los cigarrillos), pero más allá de las principales propiedades del buen dinero que Menger establecía (unidad de cuenta, medio de pago y depósito de valor), el impacto del oro alberga una propiedad que, contextualizada, resulta cada vez más importante en la actualidad: la experiencia de usuario.

En este sentido, nos encontramos en un momento histórico particular donde el concepto de dinero ha evolucionado en la práctica a algo sustancialmente más complejo de la tradicional masa monetaria M0 (monedas y billetes) a una M4 (dinero legal + depósitos a plazo + dinero invertido en otros instrumentos financieros + bonos, letras del tesoro y pagarés).

Se ha producido un cruce de fuerzas entre diferentes tipos de sistemas monetarios buscando un equilibrio entre eficacia, conveniencia y compatibilidad con los modelos de estado-nación actuales y habilitando nuevos sistemas de generación de valor como la protección contra la hiperinflación, neutralidad y capacidades analíticas avanzadas para mejorar la función de la política monetaria.

Antes de adentrarnos en los diferentes modelos tradicionales y emergentes, podemos encontrar ejemplos prácticos sobre la importancia de eludir la fragmentación y de la solidez en la propuesta de valor, como principales motores de impacto.

A pesar de que su finalidad no ha sido la de ofrecer el mejor sistema de pagos posible, sino el mejor sistema de fidelización, existe una aplicación que con tal planteamiento de base ha logrado concentrar 4 de cada 10 pagos que se realizan en establecimientos en los EE.UU., sobrepasando incluso a las principales plataformas de pagos móviles como Apple Pay, Samsung Pay o Android Pay.

Lejos de lo que podríamos pensar a priori, no se trata de la app de un banco o empresa de naturaleza financiera, sino una cadena de café, Starbucks, y su éxito se ha desarrollado en torno a 3 pilares principalmente: adopción temprana, facilidad de uso y una base de usuarios fiel. Podemos aprender de este fenómeno que, en ocasiones, la combinación entre una buena experiencia de usuario y nuevas tecnologías permiten ofrecer una propuesta de valor que va más allá del mercado potencial al que estaba inicialmente previsto, generando unas expectativas líquidas que nos llevan a plantear por qué otros sistemas de pagos no ofrecen la misma experiencia de usuario o propuesta de valor, a pesar de que el procesamiento de pagos sí sea su finalidad.

Trasladando este caso al ámbito monetario, se produce un suceso curioso. Por vez primera en la historia de la banca central -y potenciado por tecnologías emergentes como Blockchain y las nuevas experiencias de usuario habilitadas- estados, empresa privada y comunidades compiten en torno a la propuesta de valor de diferentes formas de gobernar, emitir y respaldar el dinero, con divisas digitales emitidas por banca central.

Ejemplo de ello son el futuro DCEP en China; el Euro digital, cuya llegada podría producirse el próximo año para reforzar el planteamiento de base de la EMU (Unión Económica y Monetaria de la Unión Europea); las stablecoins emitidas por el sector privado, que basados en el planteamiento de Bancor (ya impulsado por John M. Keynes anteriormente) son emitidas por una empresa o grupo de ellas y respaldados por una cesta de divisas o valores (es el caso de Libra, stablecoin impulsada por Facebook); y divisas digitales descentralizadas, con las conocidas criptomonedas como Bitcoin, cuya propuesta de valor se diferencia por su neutralidad y no requieren de instituciones avanzadas para su uso y adopción.

En otro continente y fundada en el año 2007 por la empresa de telecomunicaciones Safaricom, adquirida por Vodafone y considerada como uno de los mayores éxitos de bancarización y digitalización conocidos, M-Pesa comenzó desarrollando una herramienta de pagos que solamente requería un móvil y una tarjeta SIM para habilitar los servicios de depósito, retiradas, transferencias y pago de facturas a través de una experiencia de usuario que era sumamente sencilla y estaba adaptada a los limitados recursos de su población.

Tal fue su éxito, que hoy en día ha conseguido bancarizar digitalmente al 93% de la población de Kenia y canalizar prácticamente la mitad del PIB de todo el país, algo que actualmente resulta lejano incluso para los estándares europeos.

En esta línea, cabe preguntarnos si más allá de la diversidad en planteamientos y nuevos paradigmas en la planificación de nuestra economía que ello genera, ¿serán los sistemas más utilizados aquellos con un diseño más resiliente y adaptado a la naturaleza de nuestras instituciones, o aquellos que simplemente ofrezcan una mejor experiencia de usuario?

Continuará.

 

Artículo extraído del informe

Los desafíos del sector financiero para 2020

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